> Tengo desde hace días una pregunta > insistente y es respecto al tema del PELIGRO. Es decir, todos > sabemos > que nuestro deporte entraña ciertos peligros que pueden ser ligeros o > de > graves consecuencias. Aún así, seguimos practicando. Incluso me > parece > que la sensación nos "incita" y nos gusta tentar la suerte. Qué > piensas? > > te has preguntado por qué nos gusta el peligro? > En realidad lo buscamos o es un aspecto que "tenemos" que aceptar a > cambio de la experiencia fabulosa del vuelo? > algunos creen que entre más peligro, más "chidos son", otros lo > minimizan o lo ignoran? Las razones por las que la gente hace vuelo libre varían muchísimo, no todas lo hacen por buscar el peligro o tentar la suerte. Pero como ésta es una actividad de vuelo, hay riesgos inherentes, los cuales son asumidos por la gente usando diversos mecanismos o debido a circumstancias. Algo que es cierto, es que aqui todo mundo vuela hasta donde quiere, y por eso hay gente que puede llevar años en esto y sin embargo se mantiene en un nivel propio, sin necesidad de pasar a vuelos más ambiciosos. Otros pueden llevar poco tiempo y estar haciendo grandes vuelos, comparado con los primeros. Suponiendo las demás variables en igualdad, esto muestra que hay quienes tienen mayor tolerancia al peligro que otros. Una circumstancia típica que mete o mantiene a la gente en esta actividad es la ignorancia: el desconocer parcialmente o por completo en qué peligros se están metiendo. Este es el caso clásico del principiante, y producto de la primer barrera psíquica de este deporte, y es que la gente le entra, toma el curso, se compra su ala, y van muy campantes, pero por ignorancia y por falta de conciencia respecto a esta ignorancia. Esa falta de conciencia muchas veces se rompe cuando finalmente se meten en problemas en algún momento y entonces pueden ocurrir dos cosas: o se interesan por comprender lo sucedido y asumir el deporte con más respeto, continuando gracias a que su nuevo grado de conciencia les dice que no están rebasando su limite personal de peligro aceptable, o dejan el deporte al ver que hay demasiado peligro y no lo pueden tolerar, o que sencillamente no se está en control todo el tiempo. Luego viene la negación. La negación es un mecanismo de defensa, donde la mente opta por el autoengaño para lidiar con una situación objetiva insostenible. Es optar voluntariamente por la ignorancia; cosas que preferemos no saber o escuchar. Es bien sabido que en general, los hombres tienen una mayor capacidad de negación que las mujeres, ante eventos de peligro: aunque alguien sufra algún percance, el hombre tiende menos a proyectarse dentro de esa situación y reevaluar el nivel de riesgo en el que se encuentra. También está la racionalización; es otro mecanismo de defensa, donde la persona se crea la ilusión de controlar los sucesos si logra encontrar una explicación plausible al evento. O sea, la ilusión de que mientras más conoces, hay menos factores de suerte en tu ejecución. Esto no tiene que ver con la teoría que todos necesitamos para volar mejor y prevenir accidentes, sino que es la idea de que si encontramos una razón para todo, no habrá eventos imponderables. La idea de que el conocimiento substituye al criterio, cuando sólo lo alimenta. Lamentablemente, se nos olvida que no podemos pensar en absolutamente todo, todo el tiempo, ni todo lo podemos ver o percibir (como una roca en el pasto, esperando a romperte el tobillo). En contraste con la racionalización, está la información y la actitud proactiva hacia el entendimiento de la actividad. O sea, el tratar de recabar información para modificar nuestro comportamiento y hábitos relacionados con el vuelo y asi volar con más seguridad o mejor aún, evitar meterse en problemas; por eso los cursos de maniobras de seguridad están recomendadísimos. Hay una línea muy delgada entre información y racionalización. Otro es la presión y prejuicios sociales: "No seas cobarde", "Si ellos pueden, yo por qué no?", "Vuela como hombre, maricón!", "Chécate este top-landing, guey", "Fulano no tiene madera de piloto", etc. Un ego sobrecrecido generalmente se verá más presionado por este tipo de voces, generalmente internas. Creo que la gente a veces busca actividades peligrosas, no por el peligro mismo, sino porque el peligro añade una variable más de dificultad a superar. El demostrarnos a nosotros mismos que podemos lidiar con situaciones difíciles, peligrosas o no, eleva el autoestima. Para algunos puede ser utilizado como carta alta para las cuestiones de status social, aunque hay círculos donde estas actividades no son apreciadas, e incluso puede uno quedar como un tonto, ya que tenderán a interpretar que se coloca uno en situaciones de riesgo "innecesariamente". Otro motivo es el involucrarse en una comunidad afin. De alli que haya mucha gente periférica a la actividad de los pilotos, que no van al cerro a volar, sino a verse con todos los cuates, echar porras, preparar la arrachera y pasar un buen fin de semana, en tierra. Otros intercalamos todo esto entre vuelo y vuelo. En conclusión, creo que el factor más importante es la tolerancia personal al peligro, balanceada por los motivantes para desarrollar la actividad, la capacidad de autoengaño, y el nivel de ignorancia, conocimiento y habilidades de cada quién. Finalmente, todos estos factores están siempre presentes en una misma cabeza, por lo que cada uno afectará a todos los demás constantemente, en esta gráfica informática de configuraciones mínimas que llamamos mente. > Que piensas de aquellos como LEo que mirando las nubes y condiciones > poco favorables decide de todos modos despegar?d Creo que el caso de Leo fue simple ignorancia, misma que él confesó. Típico caso del síndrome del intermedio. > En fín mi querido Arturo espero que si tienes ideas o lecturas al > respecto me las hagas llegar. No he leído ningún libro respecto a la psicología de los deportes de riesgo hasta el momento, pero uno que te puede servir es el de "Finding Flow: The Psychology of Engagement with Everyday Life", de Mihaly Csikszentmihalyi, que entre muchas cosas explica la necesidad de la gente de enrolarse en hobbies que acaparen su atención y pongan a prueba sus habilidades.